domingo, 25 de enero de 2009

[3] Miedo



- ¿Alguna vez tuviste miedo? Miedo de la decepción, los fracasos, de elegir un camino y no poder regresar, no recordar de donde o por donde vienes ni a donde van tus pasos…o no saber como regresar a casa – la muchacha hizo silencio cuando una lágrima de color gris perla recorrió la distancia, breve en aquel momento, entre su rostro y el suelo. A su lado el hombre hincho el pecho de aire y exhaló lentamente.

- Todos tenemos miedo alguna vez y esa es una batalla más de las muchas que hay que pelear durante nuestro caminar por la vida, tal vez la más difícil, ya que el enemigo es uno mismo.

- ¿A qué le temes? - él hizo una leve sonrisa ante la pregunta de la mujer.

- A lo mismo que todos, a fracasar, a dañar a quienes amo, a perder, a elegir el camino incorrecto creyendo que es el correcto…- apoyó una rodilla en el suelo y alzó una pequeña hoja que acababa de caer del árbol mecida por la casi imperceptible brisa. Extendió suavemente la mano en un gesto, sin levantar la rodilla del suelo, ofreciéndole la hoja a la chica. Ella lo miró sonriente, pero sus ojos tornaron al instante en interrogación.

- ¿Entonces qué es lo que te hace diferente de los demás? – la brisa se hizo más fuerte repentinamente y un atardecer opaco comenzó a teñir el entorno de un frío color piedra.

- Ya es hora – murmuró casi en un tono de amargo reproche mientras ajustaba su cinturón al reincorporarse y dio algunos pasos adelante siguiendo el sentido de la brisa que ahora se transformaba rápidamente en ventisca.

- ¡Responde! – exhortó ella con tono de orden.

- Cada ser es único en si mismo, no tiene que haber algo particularmente diferente, todo es diferente a los demás, después de todo somos nuestra propia construcción y eso es lo que nos hace únicos… - volteó a mirarla un instante y luego dio algunos pasos más mientras continuó hablando – Siento miedo igual que cualquiera, pero la forma en la que lo siento es solo mía y solo yo se comprenderla…y por eso, por mis miedos, por mis alegrías y por la forma en que amo a aquellos que amo es que soy diferente de los demás…tanto como tú …

Una hoja de piedra cayó con sonido estridente sobre la roca que cubría el suelo y opacó el resonar de los pasos metálicos del muchacho que una vez más caminó sin mirar atrás en dirección opuesta al atardecer.




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